Sobre la fertilidad burguesa I

 Si uno sigue las hipótesis revolucionarias de Carlitos Marx, entonces la primera idea debe poner en el centro del debate entre camaradas que la sociedad burguesa presupone históricamente hablando el monopolio de los medios de producción en manos de la clase dirigente. La obra de Carlitos Marx es imprescindible para el movimiento obrero si se toma en cuenta sus preceptos lógicos revolucionarios. La civilización actual depende en gran medida de que el productor directo de la riqueza no tenga las capacidades materiales para sobrevivir y, por lo mismo, este deba vender su capacidad de producir a alguien más.

La formación social de producción vigente tiene como punto de partida, con base en lo antes expuesto por este texto, qué la moderna sociedad se mueve gracias a la lucha de clases y los protagonistas son los obreros y los burgueses. Por un lado, el capital tiene el monopolio de los medios de producción y el de los medios de subsistencia y, por el otro lado, el proletariado sólo posee su fuerza de trabajo para reproducir su energía vital. Para qué, lo anterior pueda funcionar dentro de un escenario histórico y geográfico, lo anterior presupone el enriquecimiento de la clase dirigente y que este se base en la generación de valor agregado por parte del obrero: producción de plusvalor.

Vale para este momento hacerse la siguiente pregunta ¿qué significa producir plusvalor?

Primero, el obrero, como clase dominada, es el factor principal de la producción de riqueza en la sociedad burguesa, porque, siguiendo el libro de El Capital, los medios de producción necesitan del factor productivo del sujeto para qué la generación de mercancías pueda darse dentro de un período determinado. Lo anterior presupone que el valor está determinado por la capacidad de la fuerza productiva laboral y, por lo mismo, el trabajador es la fuente de valor por excelencia. Pero, a la clase dominante no le interesa dirigir o planificar el proceso económico a menos de que el resultado no sólo arroje el valor del obrero, sino que exista un aumento y que este aumento vaya las manos del burgués; este objetivo puede cumplirse gracias al proletariado.

Segundo, la producción de riqueza se presenta en el capitalismo como producción de mercancías, esto quiere decir en pocas palabras o en palabras simples qué la sociedad actual se encuentra mercantilizada y explotada. Por un lado, la mercantilización significa dentro de los postulados marxistas que el ser humano y la naturaleza tienen un precio, por lo que ambos son objeto de la compra y la venta dentro del mercado. Por otro lado, el proceso de explotación asume siguiendo las ideas de Marx qué el ser humano no se le remunera la totalidad de su trabajo y existe una parte de su producto que el burgués le intercepta por el simple hecho de ser dueño de los medios de producción.

Tercero, la explotación del obrero por parte del capital presupone la explotación de la naturaleza bajo las leyes mercantiles modernas. Lo anterior no es otra cosa que el reconocimiento teórico y revolucionario de que esta sociedad tanática necesita de la desvalorización del polo objetivo y el polo subjetivo de la riqueza. Por lo tanto, en estos tiempos turbulentos no es suficiente señalar la destrucción material y espiritual del ser humano, sino que, al mismo tiempo, estos tiempos de tinieblas devastan a la biosfera en su dimensión visible y en su dimensión invisible. La naturaleza bajo la forma capitalista sólo es un instrumento de valorización del valor, por lo que su energía está al servicio de la acumulación de capital y su importancia está determinada por las necesidades del mercado.

Cuarto, siguiendo al viejo Marx, hablar de explotación del obrero también significa o equivale a hablar de la explotación de la naturaleza. Ahora, la explotación del obrero significa sin temor a equivocarme que una parte del valor producida por el trabajador se le embolsa el capitalista, entonces sí se asume que la naturaleza no sólo está dominada sino que también está explotada, entonces lo anterior asume en estos postulados que hay una parte del valor de la tierra que no se le remunera a la hora de contabilizar los procesos y los resultados. En pocas palabras, la biodiversidad o el ecosistema producen cierto número de riqueza en el capitalismo qué una clase parasitaria se lo queda gracias a que tienen el monopolio del suelo y subsuelo de un lugar determinado: hay un valor que no le has devuelto a la gran creadora de vida.

A todo lo expuesto en las líneas previas podría resumirse en un concepto clave: economía de la muerte. La sociedad burguesa subsiste y se potencia gracias a la energía vital del ser humano y del planeta azul, por lo que sus leyes se basan en la destrucción total de la vida, en tanto que la capacidad productiva subjetiva y objetiva se sacrifica por el enriquecimiento de una clase social parasitaria. La existencia puede garantizarse bajo las leyes productivas concretas vigentes sí la capacidad de enriquecimiento en su forma burguesa se presupone como el motor de la creación de la civilización hoy vigente y, en este sentido, el valor que se valoriza exige la fuerza vital tanto del proletariado como el de la Tierra. El poder del dinero se antepone al poder de la vida.


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