Sobre la fertilidad burguesa III
La economía burguesa es ante todo producción de plusvalor. Lo anterior quiere decir bajo el el sistema filosófico proletario que la clase dominante intercepta una parte del producto que produce la clase productora y dominada y, bajo este punto, lo relevante radica en presuponer que la civilización hoy vigente se basa en la explotación del hombre por el hombre. Según la economía política proletaria, el plusvalor debe medirse relativamente con otro indicador que Carlitos Marx denominó tasa de plusvalor, la cual mide la relación entre el valor producido por los trabajadores y el valor interceptado por la burguesía.
En la economía capitalista, el objetivo es calcular la tasa de plusvalor o en otras palabras el interés de la clase dominante es saber el nivel de explotación para así obtener el valor agregado del cual la burguesía se va a beneficiar dentro de las reglas vigentes de esta civilización. Pero, la tasa de plusvalor solo es importante si esta se transmuta en tasa de ganancia, es decir si la explotación termina por remunerar una cantidad de dinero que va directo a las bolsas de los dueños de los medios de producción y esto es importante porque a mayor tasa de plusvalor menor tasa de ganancia.
En pocas palabras, si la tasa de plusvalor va aumentando en el tiempo esto quiere decir que la tasa de ganancia tendrá un movimiento inverso a la primera y, por lo mismo, la explotación del trabajo le pondrá un límite material a la capacidad de enriquecimiento de la clase dominante. En pocas palabras, la tendencia histórica de la sociedad burguesa es la ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia, lo cual algunos economistas la han llamado como la teoría de la crisis estructural del capitalismo y, de esta manera, uno puede comprender la razón misma de los desequilibrios que existen en la denominada economía de mercado que no son por externalidades sino su producto está vinculado con la esencia misma del fenómeno.
Según lo hoy expuesto, el objetivo de la economía capitalista no es otro qué aumentar la inversión inicial, del periodo previo, para qué la tasa de ganancia crezca de un momento a otro, ya que el interés de la clase dominante no es el interés de la sociedad en general, sino que su objetivo se basa en el enriquecimiento por el enriquecimiento de estos parásitos sociales. Cuando la economía burguesa se topa con su límite temporal y material, la tasa de ganancia va en decremento de la propia inversión inicial en ascenso, en otras palabras, a mayor inversión, el resultado es una caída tendencial de la tasa de beneficio y, por ende, a la clase dominante ya no le interesa invertir, por lo que su interés se enfoca en apagar la capacidad productiva y llegar a un nivel óptimo de beneficio: a esto se le llamó capital ocioso.
Ahora, lo anterior tiene algo muy importante que rescatar dentro de las leyes del movimiento de la naturaleza, en tanto que la crisis de tasas de ganancia debe resolverse bajo la dimensión que proporciona la biodiversidad de este planeta y, por lo mismo, si el capitalismo necesita de la explotación del trabajo también este impulsa la explotación de la naturaleza. Ya que, cuando la sociedad burguesa acorta los tiempos de inversión y reinversión para obtener más ganancia, esto significa de igual manera que el tiempo de recuperación y de producción de la naturaleza también se van a cortar: lo que va a producir una crisis en la ruptura del metabolismo en su escala social y en su escala natural.
Si la naturaleza sigue los ritmos de la ley económica burguesa, entonces su comportamiento ya no dependerá de las leyes de la vida, en todo caso sus propias leyes se transmutarán en leyes de la destrucción y, de esta manera, la fuerza productiva natural se transmutará a una fuerza productiva natural burguesa. Esto debe llevar a la reflexión epistémica revolucionaria el ecosistema actual no es un objeto o un instrumento neutral que alguien pueda guiar bajo sus propios intereses, sino que la propia naturaleza modificada despliega desde su propio contenido la potencia destructora, en tanto su funcionamiento queda absorbido y subsumido por las leyes de la sociedad burguesa: a esto yo le llamo fertilidad burguesa.
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La tendencia histórica de la economía capitalista, como forma dominante en la actualidad, puede asumirse como la acción vinculada a la destrucción del capital, puesto que la propia caída de ganancia sugiere la imposibilidad de aprovechar la capacidad productiva instalada en el presente como en el futuro y, por lo mismo, en un tiempo dado, el capital constante arrojaría un excedente ocioso en su forma física de existencia. Lo anterior lleva a la conclusión de que, tarde o temprano, el proyecto político de la burguesía pasará de la civilización a la barbarie, esta condena no es otra cosa qué la maldición de la sobreacumulación de capital y la humanidad dirigirá, en su forma capitalista, a la destrucción de capital.
Lo anterior en un plano concreto, la teoría proletaria revolucionaria sugiere 2 escenarios claves para determinar el futuro más próximo que la sociedad burguesa va a consolidar antes del siglo 22 y estos escenarios son los siguientes: número uno, si el capital constante está desplegado en todo el mundo, al mismo tiempo este capital constante se está convirtiendo en ocioso, lo cual sugiere que este deba ser destruido para aumentar la tasa de beneficio; el resultado es evidente la tercera guerra mundial; y, número 2, si uno contempla a la tercera guerra mundial como resultado de la sobreacumulación de capital que esta tendencia sólo puede resolverse con la destrucción mundial de capital, entonces el futuro se vuelve evidente: el cierre de la tercera guerra mundial sería el colapso nuclear.
Finalmente, el colapso nuclear no es otra cosa que el bombardeo a escala mundial con bombas nucleares, esto sugiere una tendencia hacia la barbarie total, porque la victoria o la derrota de un bando u otro se vuelve irrelevante ante las consecuencias de un escenario de esta magnitud. La barbarie en su forma nuclear sugiere el aniquilamiento de la vida en todo el planeta, en otras palabras la fuerza productiva técnica se va a poner al servicio de la destrucción total del astro azul y esto sería posible, dado que la clase dirigente no quiere perder su poder económico: su capacidad de enriquecimiento sobre la explotación del ser humano y la naturaleza. Bajo las leyes que la humanidad está defendiendo a capa y espada, el proletariado revolucionario debe decir qué es una necesidad histórica transformar la sociedad hoy existente hacia otra sociedad más justa, más humana y más digna: hoy más que nunca o somos socialistas o somos tiranos.
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