Sobre la fertilidad burguesa II

 La tendencia histórica de la economía burguesa es el desequilibrio, esto quiere decir, que muy a pesar de lo que opinen los pensadores burguesas, en la actual forma de mercado, la oferta no es igual a la demanda y esto significa, en pocas palabras, que que la desarticulación reproductiva es el horizonte de esta civilización. Mientras que las fantasías neoclásicas sueñan con la posibilidad de un equilibrio general, en la realidad, el propio sistema capitalista les da un golpe de realidad al afirmar lo contrario.

Tomando como punto de partida la obra de Carlos Marx, entonces una hipótesis revolucionaria, desde la economía política, lleva a reflexionar sobre una teoría nueva y proletaria del mercado, en dónde, la primera ley dictará bajo las condiciones materiales existentes que la oferta nunca es igual a la demanda. Hoy en día, la discusión antes planteada cobra una singular importancia, en tanto que uno puede discutir sobre el carácter real de esta forma de mercado y, por lo mismo, el teórico obrero pueda reflexionar sobre la esencia de la crisis económica: más allá de la visión financiera.

Ahora, vale preguntarse ¿qué se entiende por crisis económica más allá de las coyunturas que nos presenta el 2008 y el 2001?

En primer lugar, el desequilibrio económico se presenta bajo una forma muy particular qué algunos economistas han denominado crisis de subconsumo y esto es así en tanto la oferta es menor a la demanda. La ley del valor que se valoriza demuestra que para obtener una tasa de plusvalor alta hay que dejar morir de hambre a una parte de la población. Esta fase histórica del capitalismo demuestra bajo sus propios pilares materiales que la capacidad de consumo nunca podrá abastecerse por la capacidad o características de la producción y el resultado siempre se mostrará bajo la idea de que una masa de trabajadores no tendrá acceso a los bienes de consumo o de vida.

En segundo lugar, la primera teórica revolucionaria que puso en el centro la tendencia histórica del capitalismo hacia la crisis del subconsumo fue Rosa Luxemburgo que en su obra magna La Acumulación de Capital logró descifrar los elementos característicos de esta etapa de la sociedad burguesa. Según la marxista de Polonia, La economía capitalista no tiene la capacidad de sobrevivir por sí misma, porque la producción de plusvalor exige desarrollar una incapacidad de consumo en los obreros derivado de qué los obreros no reciben, bajo la forma de salario, la totalidad del producto de su trabajo: esto genera una incapacidad de consumir de los productores directos.

En tercer lugar, otra forma en que se presenta el desequilibrio económico es la llamada crisis de sobreproducción, en dónde, por sus propias características, el mercado incentiva históricamente hablando que la oferta sea mayor a la demanda y, por lo mismo, la escasez, en el capitalismo, es es totalmente artificial. Esta forma histórica de crisis puede considerarse una de las expresiones más populares que, por lo mismo, los teóricos marxistas han desarrollado de mejor manera en los últimos años y, en este sentido, la conclusión sería bajo los parámetros antes vistos qué la tendencia histórica está subsumida a la producción en masa de mercancías.

En cuarto lugar, la sobreproducción de mercancías sólo es el resultado de las propias leyes del capitalismo, ya que si una sociedad productiva busca incrementar la tasa de plusvalor a lo largo del tiempo y en el espacio, por lo mismo la cantidad de mercancías existentes debe aumentar en ese mismo proceso histórico y geográfico. La ley del plusvalor y es al mismo tiempo la ley de la producción de mercancías, en dónde el objetivo es que el planeta se inunde o sea invadido por mercancías y, bajo esta lógica, la sociedad hoy existente se vea sometida materialmente y espiritualmente a una dinámica productivista abstracta: la mercancía lo domina todo.

Otra pregunta que vale la pena hacerse derivado de lo antes expuesto es ¿qué consecuencia tiene la crisis sobre las leyes de la naturaleza?

La crisis económica exige, para superar sus propias contradicciones lógico e históricas, la producción en masa de mercancías, porque la producción en masa presupone la explotación acelerada de los trabajadores y esto significa qué la inversión inicial incremente a lo largo del tiempo. Si la inversión inicial va en aumento período tras período de la producción de mercancías, esto esto sugiere en pocas palabras que la cantidad será mayor de materias primas, energía, herramientas y maquinaria y esta necesidad material conlleva a una consecuencia en el ámbito de la biosfera.

La naturaleza, dentro de la dinámica capitalista, es considerada como un abastecedor de capital constante en todas sus dimensiones, por eso mismo si la producción en masa requiere más inversión, entonces esta nueva inversión va a necesitar de explotar cada vez más las fuerzas productivas del planeta Tierra. La relación social de producción burguesa, por la naturaleza de sus leyes lógico e históricas, puede considerarse como una destructora del ecosistema, en ese tenor la conclusión lógica dicta bajo los elementos antes descritos que si el capitalismo sigue vigente, entonces la vida en el astro azul quedará eclipsada por la tendencia a la devastación en su forma dineraria ampliada.

Si la expansión de la inversión iniciar es un hecho histórico bajo las leyes de la economía hoy vigente, entonces lo anterior presupone la expansión del capital en el espacio, en otras palabras las instalaciones del capital constante deben desplegarse en el territorio de forma ampliada: el capital constante invade territorios nuevos. La naturaleza debe verse como un receptor de inversiones de la burguesía, esto sugiere que el capitalismo necesita transformar el espacio para que las instalaciones puedan arrojar los resultados esperados: que la acumulación de capital en su forma ampliada pueda seguir su ritmo sin contratiempos.

Cerrando esta parte del escrito, una hipótesis revolucionaria debe llevar a la reflexión sobre la conexión entre la explotación del trabajo y la explotación de la naturaleza, en tanto que la teoría del plusvalor presupone la dominación técnica sobre el polo subjetivo y el polo objetivo de la creación de riqueza: subsumir al trabajo también significa subsumir al planeta azul. Bajo esta tesitura filosófica materialista y dialéctica, la economía política marxista debe poner en el centro del debate que la sociedad burguesa ve a la naturaleza como un simple instrumento para lograr un fin qué es valorizar el valor: la fuerza productiva de nuestro astro está al servicio del enriquecimiento parasitario y ascendente de la clase dirigente hoy vigente.


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