La lucha de clases y el sismo en Colombia
El pasado 10 de agosto de 2026, a unos días de la llegada del nuevo presidente en Colombia con tendencia política a la derecha, este país fue víctima de un sismo cuya magnitud es considerada como una de las más catastróficas en los últimos años y, por lo mismo, los daños materiales y humanos no pueden calcularse en estos momentos. Frente a estos hechos, yo considero como una cuestión primordial manifestar mi solidaridad con el pueblo trabajador colombiano, al mismo tiempo, hacer mención qué nuestras organizaciones estarán al pendiente de las necesidades que tendrán nuestros hermanos y hermanas después de lo acontecido en en aquella nación.
Al mismo tiempo, un escrito revolucionario no puede carecer de un análisis concreto, como diría lenin, de la realidad concreta o, como diría Rosa Luxemburgo, de la dialéctica histórica y, por esta razón, una hipótesis de trabajo debe poner en el centro que si bien el sismo tiene raíces naturales, por el contrario, las consecuencias están mediadas por las condiciones materiales vigentes en esta sociedad llamada burguesía. Lo que para la mayoría puede ser considerado una cuestión sorpresiva, para una minoría esto sólo es la consecuencia de apostar por una civilización decadente y en decadencia que la naturaleza está rechazando de manera abierta.
Si el ciudadano del mundo recuerda al viejo James Lovelock con su famosa teoría de gaia, este, con sus grandes libros, ya había advertido de manera franca que el modelo de acumulación capitalista, basado en la producción de la riqueza cuyo insumo es el petróleo, estaba destruyendo al planeta tierra y que este astro, tarde o temprano, le iba a cobrar venganza tanto al sistema productivo como a la humanidad qué se resiste a cambiarlo por otro más humano y más natural. Una cuestión curiosa en la idea de que, un día antes de la tragedia, el presidente de Colombia anunciaba con bombos y platillos qué su gobierno iba a apoyar la explotación de gas natural no convencional mediante formas sostenibles y la tierra respondió de manera contundente a las pretensiones burguesas.
Una segunda hipótesis guía a la humanidad en el sentido epistémico sobre la posibilidad de que un fenómeno natural siempre está situado y contextualizado dentro de las leyes de la lucha de clases y el caso del sismo en Colombia no es la excepción. Una primera aproximación puede verse en la respuesta del actual gobierno y la respuesta de la clase trabajadora en ese país, primero, el propio presidente, cuya ideología está situada a la derecha, demostró abiertamente su poco compromiso social con el sufrimiento del pueblo, y, segundo, la clase obrera colombiana ha dado una cátedra de respuesta colectiva para ayudar a sus hermanos abatidos por este sismo: por un lado reina el individualismo canibalesco y por el otro lado se apuesta por la colectividad.
Sobre el futuro de la sociedad en Colombia, las leyes de la lucha de clases pueden orientar al análisis concreto sobre el escenario más próximo a la realidad, por qué, mientras de un lado de la burguesía se apuesta por la ganancia o el enriquecimiento de unos cuantos, por el otro lado, los obreros buscan la cooperación para defender la vida de sus hermanos de clase. Si la burguesía sigue impulsando su modelo político, después del sismo y sus estragos, la respuesta será el incremento en la especulación del suelo y por lo mismo, el desarrollo inmobiliario va a abrir el apetito de la oligarquía financiera por el control del territorio. Sin embargo, si la clase trabajadora logra organizarse mucho mejor, entonces, su acción inmediata, en la recuperación de la ciudad, podrá poner los cimientos hacia el control comunitario del territorio, en donde los intereses de los trabajadores se pongan en el centro de la civilización.
Para finalizar, el sismo abre de nueva cuenta en Colombia qué, en este momento crítico, la nación tiene 2 grandes proyectos: el primero pon en el centro el control de la riqueza para que una pequeña porción de la sociedad tenga acceso a la acumulación de capital y el segundo basa su modelo de civilización en la idea de que la producción, la circulación y el consumo esté al servicio de todos y todas. En pocas palabras, la derecha seguirá defendiendo un modelo de acumulación, en dónde el planeta sólo sea un instrumento más de la ley del valor que se valoriza y por lo mismo, su visión económica será la ley de la economía de la muerte. Por el otro lado, la izquierda defenderá un modelo de civilización más humano, por lo que el planeta ya no es considerado una herramienta más, así la conexión entre el sujeto y el objeto deberá contemplar el respeto entre ambas partes: la visión económica de la izquierda será la ley de la economía de la vida.
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